El numero corresponde a los meses de marzo y abril y sus 260 páginas están dedicadas a LOS FASCISMOS HÚNGAROS.
Una reciente visita a Hungría nos ha convencido sobre lo que podemos llamar “la excepcionalidad magiar”. Sólo conociendo a la sociedad húngara puede entenderse que desde hace casi 100 años, el país permanezca con unas constantes que no logró desterrar el régimen comunista que se prolongó desde 1945 hasta 1989. Da la sensación de que el país se vacunó contra el bolchevismo desde la revuelta de Bela Khun en 1919. El movimiento fascista húngaro fue una de las manifestaciones de esa “excepcionalidad”, no solamente porque el país estuvo dirigido por un régimen particularmente estable, en realidad, un gobierno autoritario de derechas, sino porque florecieron en los años 20 y 30, distintas manifestaciones del fascismo en todas sus variedades. De haber existido un régimen democrático es probable que los “cruces flechadas” se hubieran alzado antes con el poder, a la manera de Hitler, esto es, por vía electoral.

